RELACIÓN DE LA
ADMINISTRACIÓN CON OTRAS CIENCIAS
ADMINISTRACIÓN
Y DERECHO
El
derecho forma la estructura necesaria en que descansa lo social. Sólo sobre la
base de una justicia, establecida por el derecho, puede quedar firmemente asentada
esa estructura. Una sociedad sin derecho, es inconcebible, aun para la
administración privada. Sólo puede administrarse un organismo social, cuando es
posible exigir determinadas acciones de los demás, sea que éstas les hayan sido
impuestas por ley, o que deriven inmediatamente de un convenio.
Las normas administrativas muchas veces se
sustentan directamente, por ello, sobre las jurídicas; otras veces, derivan
directamente de un convenio, pero éste, a su vez, descansa en un ordenamiento
de derecho. Sin embargo, cabe hacer notar que la Administración no es de suyo
jurídica, sino meta-jurídica; esto es: que no se realiza de suyo por el mero
cumplimiento de derecho y obligaciones, sino que busca estimular la cooperación
espontánea, activa, precisa, entusiasta y, sobre todo, eficaz, de quienes
forman una empresa u otro organismo social, para lograr la máxima eficiencia en
la coordinación.
Sin el cumplimiento de derechos y
obligaciones, la coordinación es imposible, pero en el mero cumplimiento
forzado de éstos, no existen tampoco de suyo elementos suficientes para lograr
la máxima eficiencia de la coordinación, fin al que la Administración se
dirige.
En
otras ocasiones, por el contrario, una norma administrativa, que busca la
eficiencia en un organismo social, por exigirlo el bien común es tomada por el
derecho y elevada a la categoría de ley. Tal sucede con el derecho
administrativo.
Pero aun en este último supuesto, en la norma
se puede distinguir un doble aspecto: en cuanto jurídica, tiene por objeto
realizar la justicia, y está revestida de la fuerza de coactividad que el
Estado le presta. En cuanto administrativa, se considera su eficacia en la
actuación social.
Resulta
curioso el hecho de que, siendo la coordinación elemento esencial en toda la sociedad,
la teoría administrativa se haya formado tan sólo a principios de este siglo;
la explicación es obvia por cuanto hace a la administración privada, ya que la
naturaleza, pequeña magnitud y escasa complejidad de los negocios e
instituciones privadas, requerían tan sólo de sentido común para su
administración. Pero surge la interrogante: ¿por qué no apareció en la
administración pública, donde la magnitud de los problemas, no sólo iguala,
sino aun supera las características de la empresa privada? La respuesta es, a
nuestro juicio, que el Estado contaba con dos medios para lograr el eficaz
cumplimiento de sus normas: la coacción, y la eficacia administrativa de esas
mismas normas: siendo más fácil desde luego obtener la primera, descuidó de
ordinario la segunda.
Por otra parte, debe hacerse notar que la
falta de máxima eficiencia en las dependencias de un organismo público, no
afectan de suyo su existencia: una dependencia cuya función sea necesaria, no
habrá de desaparecer por el hecho de que se estén realizando sus actividades
con mayor lentitud, con mayor costo y, dentro de ciertos límites, con
resultados de pobreza administrativa, en cambio, una empresa que no dispone de
fuerza coactiva alguna, y cuya existencia misma está supeditada a poder ofrecer
precios, calidad, servicios, etc., por lo menos iguales a los de sus
competidores, necesita mejorar su administración, como requisito para
subsistir: por eso, al crecer el número y la complejidad de las empresas
privadas, natural y necesariamente apareció la teoría administrativa. Lo
anterior no significa que no se hayan analizado ciertos principios en la
administración pública, como los de "la cadena de mando", "la
organización staff", etc.; pero todo ello no llegó, indiscutiblemente, a
integrar una auténtica y completa teoría de la Administración.
ADMINISTRACIÓN
Y ECONOMIA
Hemos
asentado que la administración tiene como fin "lograr la máxima
eficiencia" de las formas sociales, esto es, obtener el máximo de
resultados con el mínimo de esfuerzos o recursos. Esta ley (llamada la ley de
oro), tiene su más clara aplicación en la economía, siendo en ella donde
primero se formuló, y donde más exactamente se aplica, por lo que se le conoce
como la ley económica básica.
Ambas
aplican la misma ley (que por cierto es una ley de validez universal, usada,
aun en campos del arte, v.gr.: los preceptos del clasicismo: máximo de efecto
estético, con mínimo de recurso artístico), en tanto que la economía la aplica
a la producción, distribución y consumo de los bienes materiales, la
administración la emplea en lograr la máxima eficiencia de un organismo social,
prescindiendo de que éste pueda tener o no fines económicos. Así, se busca la
máxima eficiencia de un grupo deportivo, científico, literario, religioso, etcétera.
Aun en el caso de la administración
industrial, donde el fin es indiscutiblemente económico, no debe confundirse al
administrador con el economista: el administrador, como tal, busca
inmediatamente un fin de coordinar los elementos que emplea (cosas y personas),
y en tanto es buen administrador, en cuanto sabe coordinarlos, esto es:
estructurarlos y manejar los del modo más eficiente. Pero este fin inmediato,
que es el propio de la administración, en ese tipo de sociedades está
subordinado a un fin económico, como es el de la empresa industrial, comercial
o bancaria, por lo que la misma administración queda fuertemente teñida de
Colorido económico, al grado de parecer que el fenómeno mismo administrativo se
confunde con el económico.
Administrador
Coordinación
de cosas y personas (fin directo e inmediato)
Objetivos
económicos de la empresa (fin de esa coordinación)
ADMINISTRACIÓN E INGENIERÍA INDUSTRIAL
Quizá
la relación de lo administrativo con el mundo en que se realizan los fines económicos,
se dé en forma más clara, y más frecuentemente que con la teoría económica, con
las actividades y técnicas productivas, esto es: con las técnicas de la ingeniería
aplicadas en la industria. Han surgido, así, una o varias rarnas específicas de
la ingeniería que suelen bautizarse con el nombre de "ingeniería
industrial".
En
primer lugar, se conoce con este nombre, y quizá mis frecuentemente con el de
ingeniería administrativa, la inclusión que se hace o debe hacerse en los
programas de la carrera de ingeniería, de ciertas materias propias de la
administración, por el hecha indeclinable de que, la casi totalidad de los
graduados en ingeniería, tienen que prestar sus servicios en una planta
industrial, en la cual, al actuar como jefes, necesitan conocer las modernas
técnicas de administración, en mayor o menor grado, según el nivel jerárquico
en que se encuentren.
Más propiamente se conoce con el nombre de
ingeniería industrial a un conjunto de técnicas administrativas, que se usan
fundamentalmente para el mejoramiento de los procedimientos, sistemas, métodos,
etc. y que, aplicados en una planta industrial, indiscutiblemente en estrecha
colaboración con los aspectos técnicos de maquinaria, equipo, etc., logran
mejorar notablemente la eficiencia. Así, v.gr.: los estudios de movimientos,
los de tiempos, los de control de calidad, etc.
ADMINISTRACIÓN
Y ESCUELA MATEMÁTICA
Otra
de las escuelas que se han formado, es la que, arrancando del hecho
indiscutible de que la aplicación de técnicas, parcial o totalmente
matemáticas, ha permitido un enorme avance en campos de la Administración, como
los relacionados con la fijación de cursos alternativos, su valoración y su
consiguiente ayuda en la toma de decisiones, a través de la Investigación de
Operaciones, pretende que la administración misma se ha convertido o se está
convirtiendo en algo cuya naturaleza es esencialmente matemática.
Sin
perjuicio de estudiar estas técnicas en el capítulo de la Previsión adelantamos
que una vez más se comete el error de confundir un instrumento, ciertamente
valiosísimo, con la naturaleza misma de la Administración. A reserva de
analizar el alcance, las posibilidades y las limitaciones del método
matemático, queremos hacer notar que un sin número de elementos de la administración
escapan todavía, y algunos escaparán perpetuamente, a ella, que jamás podrán
los métodos matemáticos sustituir al criterio del administrador, sobre todo en
la apreciación de los aspectos humanos; y que, en último término, las
matemáticas jamás pueden perder su carácter meramente instrumental de puro
simbolismo para que la mente maneje con más eficacia ciertas relaciones; pero
que la coordinación es en su esencia, un problema substancialmente humano, es
innegable.
ADMINISTRACIÓN
Y PSICOLOGÍA
Semejanzas
entre ambas Al explicar la psicología la forma como opera la motivación de los
actos humanos, y consiguientemente la forma de predecirlos, al menos
parcialmente, da la razón de las acciones que el hombre realiza en cualquier
organismo social y sirve por ello para explicar, en gran parte, los fenómenos
sociales.
El administrador va a coordinar personas, y al
mismo tiempo a coordinar la actuación de estas mismas personas, con las cosas,
sistemas, etc. Necesita, por lo mismo, conocer del mejor modo posible los
diversos resortes psicológicos para tratar de influir en el logro de la
cooperación de los hombres, como base para su coordinación.
La Administración, al dar sus reglas para la
eficacia del aspecto funcional de dichos fenómenos, no puede prescindir de los
principios y las leyes de la psicología. El administrador necesita saber
influir eficazmente en la conducta de los demás, y de ello depende en gran
parte su éxito. La psicología indica, por lo mismo, qué métodos administrativos
son más adecuados, y proporciona bases técnicas para influir en la manera de
actuar de quienes integran un organismo social, en forma de hacer sus acciones
lo más eficientes que sea posible. En tres formas principales ayuda la
psicología al administrador:
Ofreciéndole
algunas técnicas de carácter esencialmente psicológico, pero que son utilizadas
por la administración como un instrumento o medio para coordinar, v.gr.: la
aplicación de baterías psicometrías.
Analizando
los aspectos psicológicos de algunas técnicas de naturaleza ya substancialmente
administrativa; v.gr.: el estudio del "efecto-halo" o la
"tendencia central" en la calificación de trabajadores, supervisores
o desarrollo de ejecutivos.
Proporcionando
al administrador una serie de conocimientos y técnicas psicológicas que lo
ayuden para comprender mejor a sus subordinados, motivarlos, orientarlos,
resolver sus problemas y, en una palabra, lograr su cooperación, como medio
para su coordinación más adecuada.
ADMINISTRACIÓN
Y MORAL
La
teoría de la administración da reglas que se refieren a la conducta humana en
un sector determinado de su actividad y con un fin específico: la
estructuración y operación de las formas sociales, para lograr la máxima
eficacia posible en esa operación. La moral dicta también reglas, las reglas
supremas a que debe someterse la actividad humana, no ya en relación con un fin
próximo, sino en razón del fin último al que toda acción del hombre es
dirigida: el logro de la felicidad perfecta, a la que todo hombre tiende espontánea
e ineludiblemente. La relación se encuentra pues establecida, en que ambas son
disciplinas de carácter normativo. Pero mientras que las normas de la moral se
refieren a toda la conducta humana, y para un fin último, las de la
administración tratan de un sólo aspecto de esa conducta, y para un fin
particular: la máxima eficiencia que logre en un organismo social.
Subordinación Se deduce de lo anterior que las normas de la Administración,
como las de cualquier otra disciplina de carácter normativo, deben estar
subordinadas a la moral. Esta subordinación no es de carácter positivo, ya que
ambas son "autónomas", en el sentido de que se estructuran y operan
bajo principios propios y peculiares, sino negativo, esto es: entre los
diversos recursos administrativos que señalan lo que técnicamente "puede
hacerse", podrá darse el caso de que algunos "no deban ponerse",
porque, si bien serían de eficacia inmediata y aparente, contrariarían el fin
último a que el hombre tiende. Pero esta aparente contradicción no puede ser
total ni definitiva. Teóricamente hablando podría decirse que existen normas de
eficiencia administrativa que pugnen con la moral. En realidad, la
contradicción no es real, porque la eficacia de tales reglas sería sólo
aparente y temporal. Las normas administrativas inmorales son en el fondo
antisociales, porque van contra la naturaleza del hombre, y, por lo mismo, al
fin y a la postre, resultan ineficaces y aun contraproducentes. Normas de la
moral se reiteren a toda la conducta humana, y para un fin último, las de la
administración tratan de un sólo aspecto de esa conducta, y para un fin
particular: la máxima eficiencia que logre en un organismo social.